domingo, 27 de junio de 2010

sobre la lucha de la mujer


Olimpe de Gouges

Una de las características del ser humano desde que nace es pertenecer a un grupo o colectivo que le clasifica y le determina dentro de la sociedad a la que pertenece: familia, pueblo, ciudad, país, etc. Existe una extensa variedad de grupos sociales a los que se puede pertenecer. Además, cada uno posee sus características propias como puede ser: cultura, religión, raza, etnia, o cualquier otro tipo de rasgo determinante que hace que cada uno sea diferente del resto.

También podemos comprobar que hay grupos que se distinguen por el sexo, los llamados grupos de género, es decir grupos formados por hombres y grupos compuestos por mujeres, cuya diferencia existente entre unos y otras se basa en la desigualdad biológica que presenta la sexualidad de cada grupo. Hombres y mujeres que componen el conjunto de seres humanos que a su vez conforman la Humanidad en una proporción de casi el cincuenta por ciento cada uno y, que perteneciendo a una misma sociedad, a una misma cultura, a un mismo pueblo, a una misma raza e incluso a una misma familia, existe entre ambos una lucha latente que resulta incomprensible y que carece de todo sentido. Lo más triste de todo esto es que cuando esa lucha se manifiesta trae consigo unas consecuencias desastrosas, no solo a nivel individual, sino para toda la sociedad. Podemos pasar a exponer casos concretos para dejar claro que la diferencia entre hombres y mujeres ha estado presente en la sociedad desde que el ser humano puebla el Planeta, y para muestra un botón.

En el primer tercio del Siglo pasado, mi abuela paterna contrajo matrimonio. Ella era una mujer menuda y mi abuelo, un hombre de un metro ochenta. Al poco tiempo de casarse, mi abuelo trató de imponer su voluntad varonil amenazando con pegar a su mujer. Ésta se atrevió a decirle: “como me pongas la mano encima, me voy con mi padre”.

Años más tarde, mi madre también trató de revelarse cuando se atrevió a expresar su deseo de asistir a las clases que se impartían para que los chicos aprendieran a leer escribir y a realizar las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Según los mayores, las chicas no necesitaban acudir a dichas clases, puesto que no tenían la obligación de ir a la “mili”. Mi madre consiguió aprender a la par que sus hermanos varones y así consiguió ser una de las pocas mujeres, sino la única, de su generación que en su pueblo sabía leer y escribir. Incluso hubo generaciones de mujeres posteriores a ella que seguían siendo analfabetas.

Estos dos ejemplos que acabo de mencionar posiblemente no fueran los únicos, sino que podríamos afirmar que sucederían con más frecuencia de la que nos podemos imaginar porque el hecho de que estas mujeres se manifestaran de esta forma significa que ya eran conscientes de que algo no funcionaba de forma adecuada en su vida cotidiana, en la que existía una diferencia abismal con respecto al varón. La sociedad a la que pertenecían carecía de ilustración alguna, por lo que se puede asegurar que la actitud de ambas no estaba influenciada, en modo alguno, por pensamientos ilustrados ni nada parecido. Era simplemente la intuición de cada una de ellas la que les llevaba a revelarse ente la diferencia existente entre ellas y los varones.

Tanto un hecho como otro, protagonizado por mujeres de generaciones distintas, pero con iguales connotaciones, solo fueron una manera de expresar sus sentimientos en un momento determinado de su vida que solo quedó en el intento.

Por su parte, mi abuela, posiblemente no llegara a recibir malos tratos físicos; mi abuelo se daría cuenta de que no era fácil ante una mujer que se atrevió a darle una respuesta como aquella. Pero sin duda alguna fue una mujer sometida al marido como la que más. Psicológicamente sería maltratada como cualquier otra mujer de su época, siendo su respuesta corresponder con el respeto debido a su marido.

En cuanto a la educación de sus hijos e hijas que fueron numerosos, la llevó a cabo de forma desigual como correspondía a los esquemas establecidos por una sociedad que no le dio la posibilidad de expresarse libremente, ni educar a sus hijos en la igualdad, como correspondía a su mentalidad, un tanto adelantada para su tiempo.

Igualmente mi madre, puesto que su afán de reivindicar su derecho a la cultura respecto a sus hermanos, sólo fue un intento de manifestar la inquietud que sufrían todas las mujeres de su época, reconociendo que algo no funcionaba correctamente en una sociedad de seres humanos en la que son los derechos de los hombres los que imperan, quedando la mujer relegada en tantos campos de acción.

Mi madre fue una mujer sometida a su marido, callando cuando tenía que callar y hablando solo cuando se le permitía hacerlo. Lo mismo a la hora de educar a sus hijos e hijas, ellos, muy trabajadores para poder mantener económicamente a su familia y ellas (nosotras) convertidas en amas de casa excelentes, sabiendo muy bien cuál era nuestra obligación de esposas y madres.

En nuestra generación, de la que podemos asegurar que es la que ha sufrido todo el cambio que la mujer ha experimentado, el tema se diversifica, puesto que hay mujeres de nuestra misma edad que siguen ejerciendo sólo de amas de casa, sin plantearse otra salida, y aún cuando se la plantean, se hallan en una situación nada óptima para llevarla a cabo, bien por considerar que ya no tienen edad para adquirir una formación adecuada para poder acceder al mundo laboral, bien porque no cuentan con el apoyo del cónyuge para llevar a cabo esta tarea, etc.

Lo que no entraña duda alguna es que la mujer, a lo largo de toda su existencia, ha tenido conciencia de la desigualdad que sufría respecto al varón. Pero sus protestas, su inconformidad y la impotencia que sentía ante la situación, no han ido mas allá debido a las estructuras sociales opresoras, debido a unos esquemas diseñados por los hombres, en los que la mujer sólo ha podido interpretar, porque no le han dejado otra opciones, un papel secundario, cuando no el de antagonista, ya que el protagonista absoluto ha sido el hombre.

Comprobamos además que la mujer ha sido capaz de realizar, amén de su faceta procreadora, todo tipo de trabajo dentro y fuera del hogar, sin que el hecho de ser madre le impidiera realizarlos, pero nunca se le reconoció nada que pudiera hacer que no estuviera dentro del rol femenino creado para ella. Permaneciendo siempre a la sombra del varón, además por su condición femenina, se le han adjudicado unos estereotipos relacionados con su sexualidad que la han marcado negativamente en todos los aspectos de su vida.

En principio se cree que la marginación hacia la mujer ha estado fundada en el tabú que se ha creado entorno a su condición de procreadora: el flujo sanguíneo ha significado mancha y contaminación, y los periodos de gestación y lactancia se han tomado como referencia para mantener a la mujer alejada de la vida social. Sin embargo, nadie supo valorar a lo largo de los siglos que esa faceta femenina llena de tabúes era constitutiva de la mayor riqueza que un ser vivo puede llegar a poseer: la vida. La mujer ha sido es y seguirá siendo la gran portadora de ese caudal de vida que supone un valor incalculable para la Humanidad

La opresión a la que es sometida, es la que lleva a la mujer muy lentamente, pero de forma segura a tomar conciencia de su condición humana y a hacerse planteamientos sobre la igualdad en relación con el varón. La consecuencia de estas reflexiones es la constante lucha contra los esquemas sociales establecidos, y de los que es apartada de forma sistemática. Lucha que lleva a cabo desde tiempo inmemorial, que solo comenzó a dar sus frutos a partir de una época concreta. Podemos decir que coinciden en el tiempo con la época de las Revoluciones Sociales. Revoluciones que llevan a la Sociedad a intentar ese cambio en todos los aspectos sociales, y que tienen lugar a final del S. XVIII.

Las manifestaciones femeninas a favor de sus derechos sociales y laborales adoptan el nombre genérico de Feminismo, cuyo origen no está del todo situado en lugar y fecha concretos. Surgen paulatinamente, pero también de forma paralela en determinados países con lo que adquieren las características propias de cada uno, porque si bien es verdad que las reivindicaciones de estos movimientos son las mismas, no lo es menos que están relacionadas con la cultura intrínseca de cada país.

Llegan hasta nosotros distintas teorías sobre los orígenes del Feminismo. Unos lo sitúan en pleno Renacimiento con la aparición de escritos de señoras que, por un lado, reivindican el acceso de sus hijas a la educación y por otro, las protestas hacia las injusticias y la discriminación en el trabajo.

Otras teorías, relacionan el nacimiento del Movimiento Feminista con la Revolución Francesa que tiene como protagonista a la señora Olympe de Gouges, considerada como la primera feminista, que publica en 1791 la DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y LA CIUDADANÍA, como réplica a la DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO, publicado en 1781 como antecedente de la CONSTITUCIÓN FRANCESA.

La señora de Gorjees, sostiene en su tesis que si la REVOLUCIÓN FRANCESA sirvió para abolir los privilegios feudales, debió hacer lo mismo con los del sexo masculino. Su principal reivindicación consistía entre otras, en la igualdad de la mujer respecto al varón en su derecho al trabajo, teniendo en cuenta sólo su capacidad, su virtud y su talento. La demanda de estos derechos además de no obtener respuesta por parte de los poderes públicos llevó a la señora de Gougeses a la guillotina en 1793.

Coincidiendo en el tiempo, aparece en Inglaterra una publicación realizada por la señora Mary Wollstoneeraft, en 1792, titulada REIVINDICACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER, en la que la autora defiende el derecho de la mujer a la educación, al trabajo y a la vida pública, algo que le había sido negado por la sociedad burguesa. Tanto la señora Wollstoneeraft como la señora de Gorjees, están consideradas como precursoras del Feminismo.

A pesar de los intentos aislados que se realizan para protestar ante la situación femenina, lo que demuestra el afán de superación por parte de la mujer después de muchos siglos de silencio a la sombra del hombre, no podemos negar que históricamente el inicio de la Revolución Feminista se puede situar paralelamente a la REVOLUCIÓN INDUSTRIAL, fenómeno que se produce entre final del S. XVIII y mediados del S. XIX y que supone una serie de transformaciones económicas y sociales que modifican de forma significativa la sociedad europea.

La REVOLUCIÓN INDUSTRIAL, que se fragua en Inglaterra, supone la creación de puestos de trabajo y en consecuencia la oferta de mano de obra barata, para lo que se acude a la mujer. El acceso de la mujer a este tipo de trabajo se produce en clara desigualdad con el hombre. Además, el trabajo de la mujer no se valora socialmente, puesto que hasta entonces sólo había realizado las tareas del hogar.

Inglaterra presenta, en esta época, por una parte un gran desarrollo industrial y por otra, una numerosa clase media con mujeres que necesitan trabajo. Además, vive un auge de la educación femenina, y sobre todo, un Gobierno Democrático que representa un ejemplo para los países vecinos con el reconocimiento de los derechos de la mujer, entre los que se encuentra el voto igualitario, derecho que más tarde conseguirá la mujer en España.

En cuanto al aspecto laboral, nos damos cuenta de que la mujer se incorpora, aunque paulatinamente, pero de forma mayoritaria al mundo del trabajo asalariado. También constatamos que van cambiando las condiciones en el trabajo que, en unos casos se mejoran y en otros no tanto como se desearía, pero de lo que no tenemos duda es del hecho que nos presenta a la mujer como una doble trabajadora, dentro y fuera del hogar, debiendo atender estas dos facetas laborales que le ha tocado desempeñar. Como podemos comprobar es la mujer la que ha luchado y la que sigue luchando por cambiar la situación en la que vive, pero generalmente, lejos de mejorar su vida, lo que hace es que se la complica aún más.

Con todo lo conseguido la mujer ha logrado introducirse en el mundo del hombre, compartir con él la esfera pública. En cuanto a la esfera privada mayoritariamente sigue siendo patrimonio de la mujer. Si bien es verdad que poco a poco, el hombre se va concienciando de su papel dentro de la familia, pero podemos afirmar que aún sigue siendo una minoría, honrosa, pero minoría.

No cabe duda de que se ha conseguido mucho, pero no podemos olvidar que aún queda mucho por hacer. Lo principal es tratar de que no se produzca un retroceso en lo que se ha conseguido hasta ahora, y que tanto ha costado. Ahora les toca a las más jóvenes, son ellas las que han de ser conscientes de que todo esto no se ha conseguido por “arte de magia”, sino que es fruto de una larga y constante lucha de sus antecesoras. Porque se corre el riesgo de que esto se olvide, y deben saber que si ellas han nacido con esos derechos, es porque las anteriores lucharon para conseguir esos derechos que ellas ahora pueden disfrutar. Son las mujeres actuales las que deben proteger esas Leyes de Igualdad para poder conservarlas y no poner en peligro todo lo conseguido hasta hoy. Es necesario que la mujer imponga su voluntad, sobre todo en la esfera privada y defienda en ésta el lugar que le corresponde.

3 comentarios:

mariant Iberi dijo...

Gran artículo amiga que recuerda el duro camino que siguieron nuestras antecesoras. Desde la señora Gorjees hasta los años cuarenta la mujer sólo consiguió pequeños avances, tuvo que ser la Segunda Guerra Mundial, cuando la mujer se incorporó a las fábricas en ausencia de los hombres - cuando volvieron intentaron de nuevo recluirlas en casa pero la mujer comprobó su capacidad y fue tarde - Ese fue el gran paso de la incorporación a la vida laboral, la igualdad de derechos y sueldo es algo, que no sólo llegó más tarde, sino que aún continua y la maternidad y el cuidado de los hijos sigue siendo una causa de descriminación y despido en la sociedad actual.
Me gustaría que muchas mujeres tomaran conciencia de lo que lucharon antaño otras en situaciones extremas y hostiles para que se diesen cuenta que hoy en día sería fácil conseguir los niveles de igualdad que aún nos faltan.
Un abrazo.

Tj Garcia dijo...

Gracias Mariant por tu comentario. Gracias por la valoracion que haces al artículo de la lucha de la mujer. Éste sólo expone unas pinceladas de lo que ha sido la gran batalla que las mujeres han llevado a cabo a lo largo de la Historia. Muchos pasos se han dado para llegar a la igualdad en derechos con los varones, pero no es menos cierto que aún queda mucho por andar, y el camino que falta por recorrer es cosa de todos; de mujeres y de hombres. Estoy convencida que de forma unilateral nunca llegaremos a la meta que tanto deseamos.
Un saludo.
De nuevo, gracias por las fotos.

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